Introducción - Caminando hacia Belén - El Nacimiento - Los pastores - Los Magos de Oriente [sin interrupción].
Este poema sinfónico no es más que la primera parte de una obra que tendrá tres en su forma definitiva.
Hace ya algunos años que el autor tenía el proyecto de escribirla, si bien la grandeza del asunto había hecho retardar su realización, temeroso de no poder llegar a la expresión exacta de una página tan sublime como la vida de Cristo.
Al hacer este año la primera parte puede decirse que sólo es a manera de ensayo o prueba de fuerzas, antes de empezar las otras dos, de más importancia dramática. Esta primera parte es más bien de carácter pintoresco, y su equilibrio musical está en el tema de Cristo, que envuelve, digámoslo así, todo el trozo de música.
Después de una corta introducción, en la que el tema principal está fragmentado, hay una breve marcha, Caminando hacia Belén, marcha fatigosa, como se supone que debía ser la de San José y la Virgen al llegar a las cercanías de Belén. Después de esta marcha viene, inmediatamente, El Nacimiento, que, musical¬mente, está expresado por el tema de Cristo, completo y en tres frases, al que acompañan los violines en arpegios como un lejano revoloteo de ángeles. A este periodo, de serena placidez, sucede un allegro pastoril que acompaña la llegada de los pastores, ya en el ritmo suave de las mujeres, ya en el ritmo acusado y fuerte de los hombres. Al llegar a la gruta se prosternan todos ante el Niño recién nacido y vuelve a sonar el tema de Cristo, empezando por los violonchelos y terminando por un violín solo. El último periodo de esta parte es la llegada de Los Magos de Oriente, con un ritmo exótico; la monotonía de una marcha por el desierto; el resonar de las campanillas de plata de los camellos y la pomposi¬dad oriental. Se acercan poco a poco y, al llegar a la gruta, adoran al Niño, al Rey de los judíos que venían buscando, no con la sencillez de los pastores, sino con la majestad de príncipes orientales. El tema de Cristo suena de nuevo con grandes sonorida¬des, con el que termina la obra.
Es un poema no tratado en oratoria, sino puramente sinfónico.